domingo, 25 de septiembre de 2011

Primera Nota: Travesías

Me gusta acampar en lugares donde pocos acampan, caminar grandes distancias, mirar todo lo posible e imaginar que todo aquello está intacto, imaginar que soy el único que ve aquellos paisajes y que nadie jamás verá el mismo, ni siquiera quien venga después de mi, ya que el viento, el sol, las hojas de los arboles, las formas del agua, etc. No serán las mismas que vi yo.

Me agradan los caminos que no son veredas, que nadie me ha dicho “tu debes caminar por aquí”, sino que están llenos de piedras, tierra y cada paso es un límite para mi mismo. Me agrada cuando se hace un fuego para calentarse o preparar algo de comer, recolectar leña o algas secas y sentir algo de calor en esas muy oscuras y frías noches.

A veces olvidar las comodidades por un tiempo te hace crecer, te hace valorar aún más las pequeñas cosas que posees y muchas veces desprecias… en esos momentos, estar en tu casa es como estar en un hotel. ¿Pero cómo saberlo sino es prescindiendo de ellas?, como valorar esa clásica once en donde puedes elegir entre muchas cosas para comer, si es que no conoces lo que es comer un pan solo después de todo un día de larga caminata.

Pero además hay un placer, una sensación increíble al estar rodeado de aquello de lo que de una u otra manera, formas parte. Recuerdo que desde niño soñaba con estar en un bosque, incluso intenté ser boy scout cuando tenía más o menos 7 años, pero a esa edad no podía salir a campamentos, así que no fui más. Cierta vez le pregunté a mi papá si podíamos salir a acampar un día… aún espero respuesta. Después cuando nos cambiamos de casa, había un mini bosque de nogales y mucho campo, por todos lados, no olvidaré esas tardes de caminatas con amigos por aquellos lugares.

El otro día, en esa caminata por la Quebrada de Macul, recordé todo aquello que tanto me gusta y que el ruido de la ciudad opaca entre las presiones que me impongo, quizá sea el ruido de la ciudad el que me desagrada y por eso busco formas de combatirlo, pero aparte de pensar eso sentado en una piedra mirando el río, son sólo hipótesis y no me interesa dar más vueltas en el asunto.  

Es tiempo de probar los límites. Cuando los fuerzas, cuando fuerzas tus propios límites, te descubres a ti mismo.