domingo, 9 de octubre de 2011

Segunda Nota: El hundimiento del barco

La reunión estaba fijada con varias semanas de anticipación, la vez pasada no había el suficiente quórum como poder tomar decisiones, algo había en el ambiente, se notaba la desmotivación pero no cualquier desmotivación, sino aquella del dejar que otros hagan cosas por mi, dejar que otros levantásemos un muro para protegernos del sol y después otros que no habían hecho nada, disfrutasen de su sombra.

Recuerdo que un viejo conocido me decía que no debía pensar por los otros, no por el grupo, no pensar desde lo social, sino desde lo individual: “así son los tiempos ahora, ariel, no puedes contra eso, debes rascarte con tus propias uñas, saber mover bien las piezas del tablero (siempre ejemplificaba con el ajedrez). La gente no va por el bien común, sino por el bien individual, es incorrecto pensar ahora que si quieren un parque lo pueden construir entre todos para que todos lo disfruten, hoy en día la cuestión es poder alcanzar la posibilidad de acceder a ese parque –refiriéndose a pagar una entrada- y quienes no puedan, no deben interesarnos. La creatividad que vale ahora es aquella que se asemeja más a la astucia para los negocios, quizá hace años la capacidad para organizar era aplicada a generar las instancias para obtener un bien en común, pero hoy no es así”.
Pienso en aquél trabajo donde una señora comentaba de que cuando eran más pobres eran más unidos, cuando estamos en problemas tendemos a agruparnos para resolverlos, pero no pensamos en el otro, pensamos en nosotros mismos, en salir a flote con ayuda de otros pero no pensamos en que todos salgan a flote, sino que floten sólo algunos de los que por alguna u otra manera nos importan. Pero esta escondida posible contradicción nos evidenciaría que las personas somos crueles, egoístas y mercenarios. ¿Acaso no es así?, ¿acaso no somos individualistamente crueles, egoístas y mercenarios?.

Pero me negaba a pensarlo de ese modo, siempre me he apegado a creencias antiguas, a formas distintas de ver las cosas, pero no son esos tiempos (sean los que sean la referencia), estamos en una sociedad casi homogeneizada y salvo pequeñas antorchas de fuego encendidas de diversos colores, el mundo está básicamente apagado.

La gente sabía que podíamos lograr mucho, pero por alguna razón que a esta altura del escrito es casi evidente, prefirieron quedarse en sus casas o salir a carretear o cualquier cosa, cualquier cosa que preferían de manera individual y no moveré un dedo más para mantener a flote este barco, no es el momento, quizá alguna vez sea el momento, pero ahora hay que dejar que se hunda. A veces hay que abandonar caminos para elegir uno nuevo, un atajo o cuando uno cae en cuenta de que el sendero por donde se viajaba era 
demasiado estrecho.

Al parecer todos estamos en guerra con todos.