domingo, 11 de diciembre de 2011

Sobre la competencia

Quién niegue el principio de competitividad, niega desde las bases la forma vital del progreso, de la evolución y la vida misma, pues es esta última la competencia más descarnada, anillándose varias batallas, una dentro de otra, hasta acabar por fin en una derrota que no es tal si en la recta final, viéndose uno perdido, puede dar vuelta el camino bruscamente, dejando a la que carga la conocida guadaña con la boca abierta, es su búsqueda la que nos interesa escapar y es su encuentro el que nos interesa aplazar.

La voluntad y la virtud son uno mismo en la competencia, podemos pintar el hecho de colores definidos, o mezclarlos para dejar una gruesa capa de conformidad el mismo fenómeno, pero he aquí lo divertido del juego, ha de ser la competencia en lo posible en los escenarios que el jugador proponga, quién juegue en tablero ajeno es de por si, ya perdedor. Es el tablero decidor el que controla las jugadas, debemos conocer la mayor cantidad de tableros y sus reglas para poder elegir alguno, sacarlo cuando sea necesario y poder aplastar a nuestros contendores para obtener el trofeo completo.

Cualquier meta a fin del tablero será considerada como trofeo, incluso el juego mismo, sin llevar físicamente trofeo, es un triunfo de la voluntad por sobre la verdad gregaria. El enemigo será aquel que se interpone entre tu y tu objetivo, ya sea porque se interpone directamente o bien porque tu objetivo se inclina hacia otro, ese otro será tu enemigo. Habrás de ser lo suficientemente cauto para poder realizar una vuelta en dirección al cuello de tu enemigo, pero lo suficientemente sabio como para poder identificar los puntos discordantes que te puedan servir de ventaja ante la siguiente batalla, deberás robar el armadura de quien haz derrotado o construir con tus propias manos el escudo que permita resistir los golpes del enemigo y una espada ligeramente mortal que te permita eliminar la amenaza.

Ten presente que el construir el armamento y la defensa que permitirán traer hasta tus manos la victoria, han de costarte, muchos abandonan su construcción, como muchos soltarían sus manos para caer al barranco con tan de no realizar esfuerzo alguno o no vivir con las heridas que las rocas hacen a los dedos ! para ellos no escribo! Las marcas deben recordarte la guerra, la victoria, la indiferencia ante otros caminos más simples, debes verte como un hierro antes que como un trozo de barro seco. He ahí la conclusión de la voluntad.

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